Coche en pena

—Jesús de León

"Aaaayyy, mis frenos..."

Fotografía de Carlos E. Martínez Mirón.

Insólita imagen de la calle de Juárez sumida en la oscuridad. Ni al mismísimo Benemérito le darían ganas de caminar por aquí para llevarle pan de pulque a su amada Margarita, que por algo era Maza de Juárez. Y a pesar de que actualmente, a diferencia de la época en que don Benito vivía en nuestra ciudad, contamos con electricidad y alumbrado público, el tenebroso aspecto de la calle la asemeja a un pueblo fantasma. Incluso los únicos dos elementos que se encuentran bien iluminados provocan escalofrío. En primer plano, ese coche antiguo que al parecer está a la venta. Su parte frontal da la impresión de un rostro congelado en un rictus de terror, como si el pobre vehículo estuviera emitiendo el silencioso grito de “¡Al yonkee no, por lo que más quieran; al deshuesadero, nunca! Tengan piedad de mí, no me vendan tan barato: soy un auto de colección”.

 

El segundo elemento iluminado, al fondo, es la fachada del Archivo Municipal, que se erige como una especie de Castillo de Drácula o segunda Casa de los Espantos, porque todos conocen la primera. El caso es que el Archivo también tiene sus ánimas en pena. Y no me refiero solamente al perro bravo y a la legendaria enfermera. Si oyeran el aulladero y arrastrar de cadenas que se da en el Archivo cuando el personal cobra su quincena. Hasta Alberto del Canto, tan chocarrero como era se revolcaría en su tumba de pura envidia. No nos alcanza ni para comprarnos un triste coche, como ese que pena entre las tinieblas de la calle.