NUEVA ZAPALINAMÉ

ES UN EDÉN

Jorge Barragán

Todo era un verdadero caos, hasta que empezó a correr el rumor: “…ya supiste que en la Nueva Zapalinamé se ha formado un clima inmejorable, “Nueva Zapalinamé es un edén”, “el otro día fui de excursión y me encontré todos los pericos que se fueron de aquí hace años”. Como siempre pasa, los más vivos vieron un negocio latente y no tardaron en hacerse de tierras y fraccionar por allá. En la radio se escuchaban jingles: “Si usted extraña el atardecer de ayer, venga a vivir a Nueva Zapalinamé”. Como la gente es bien novedosa, no tardaron en irse las primeras familias. Se estableció una corrida de camión permanente, con tres salidas diarias. El negocio de fletes también floreció. Y así, poco a poco, se fueron desprendiendo como pétalos de rosa, las familias de mi Saltillito querido. Para el 2057, dos tercios de la población ya estaba instalada en Nueva Zapalinamé. En esta ocasión se tomaron algunas previsiones. Se instalaron varias plantas tratadoras de agua, los autos de combustible estaban prohibidos y se creó un parque de generadores de electricidad de viento que abastecía a la ciudad. La planeación urbana es inmejorable, con áreas verdes extensas y edificios departamentales que albergan a la gente sin necesidad de ocupar mucho espacio. El trazo de las calles es acertado. Se cuenta con una ciclo-pista que pasa por toda la urbe y ya están listos los puentes vehiculares que, aunque ahora no se usan mucho, en el futuro resolverán posibles situaciones de caos en el tráfico. El Ayuntamiento, creado por los primeros ciudadanos que llegaron, lleva una supervisión intachable en los permisos de construcción y nos hemos librado de los cinturones de miseria. Desde que Parras de la Uva se convirtió en la capital del Estado, como se veía venir con el declive de Saltillo, nuestra ciudad Nueva Zapalinamé está tranquila. Se han venido a instalar unos franceses, con unas plantas de tecnologías agrícolas y de energías limpias. Ellos mismos recién inauguraron la Université Technologique du New Zapalinamé, con profesores de Francia. El país voltea a vernos como una ciudad con potencial y con visión futura, adelantada a las demás. Y cómo no, si apenas tiene quince años. Todo ha pasado muy rápido.