Juntando cenizas, convocando espectros,

trabajando para un espejismo

 

Jacques Derrida

Nada es menos seguro, nada está menos claro hoy en día que la palabra archivo. Sin duda, pero, en primer lugar, porque la estructura del archivo es espectral.

 

El archivo reserva siempre un problema de traducción. Singularidad irremplazable de un documento que hay que interpretar, repetir, reproducir...

 

Lo turbio del archivo se debe a un mal de archivo. Es arder de pasión. No tener descanso, interminablemente, buscar el archivo allí donde se nos hurta. Es correr detrás de él allí donde, incluso si hay demasiados, algo en él se anarchiva. Es lanzarse hacia él con un deseo compulsivo, repetitivo y nostálgico, un deseo irreprimible de retorno al origen, una nostalgia de retorno al lugar más arcaico del comienzo absoluto. Ningún deseo, ninguna pasión, ninguna pulsión, ninguna compulsión, ni siquiera ninguna compulsión de repetición, ningún “mal-de” surgirían para aquel a quien, de un modo u otro, no le pudiera ya el (mal de) archivo.

 

El psicoanálisis, en su mal de archivo, intenta siempre volver al origen vivo de aquello mismo que el archivo pierde guardándolo en una multiplicidad de lugares. Hay ahí, no hemos dejado de señalarlo aquí, una tensión incesante entre el archivo y la arqueología.

 

Sueña con hacer revivir. Sueña más bien con revivir él mismo. Mas revivir al otro.

 

Por una parte el archivo se hace posible por la pulsión de muerte, de agresión y de destrucción, es decir, tanto por la finitud como por la expropiación originarias. Pero, más allá de la finitud como límite, hay, decíamos más arriba, ese movimiento propiamente in-finito de destrucción radical sin el cual no surgiría ningún deseo o mal de archivo.

 

Quiere exhumar una impresión, quiere exhibir una impronta más arcaica que aquélla alrededor de la cual se afanan los otros arqueólogos de todas las clases, los de la literatura y los de la ciencia objetiva clásica, una impronta singular cada vez, una impresión que casi no sea ya un archivo sino que casi se confunda con la presión del paso que deja su marca aún viva sobre un soporte, una superficie, un lugar de origen.

 

Cuestión del porvenir del espectro o del espectro del porvenir, del porvenir como espectro.

 

 

Jacques Derrida (1930-2004).

Texto tomado de Jacques Derrida, Mal de archivo. Una impresión freudiana, Editorial Trotta, Madrid, 1997 (Colección Estructuras y Procesos, Serie Filosofía), pp. 97-107.