Incendio del Archivo de la Villa del Saltillo

Mardonio Gómez

Cuando apenas contaba la población de Saltillo tres años, nueve meses, siete días de su fundación, y tres meses de haber sido elevada a la categoría de Villa, un desastre, una verdadera conflagración, vino a herir en lo más íntimo de su organismo, en lo más delicado de su sensibilidad, a los pacíficos moradores de la floreciente villa. Un espantoso incendio acababa de destruir todo lo más caro para aquellos: casas consistoriales, iglesia, armas, municiones de boca y guerra, archivos y sobre todo: el acta de la fundación de la colonia.

 

En efecto: en la rústica iglesia de postes de madera y techo de ramas secas, de árboles derribados por el hacha de los pobladores, se celebraba, con toda la pompa posible y [la] concurrencia de casi todo el vecindario, la fiesta cristiana de la Advocación de la Santa Cruz, el 3 de Mayo de 1559. Repentinamente una ráfaga de viento huracanado se abate sobre la Improvisada techumbre y uno de los flancos del incipiente altar, en que ardían unos cirios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aún no salían de su estupor los habitantes de la villa cuando se escucharon terribles detonaciones en las casas consistoriales y vuelan ardiendo por los aires, postes, techos, muebles, papeles arcabuces y balas, que constituían las casas del cabildo, cárcel pública, depósito de pólvora y municiones de guerra; muebles de oficina y archivo de la población.

 

Autoridades, pueblo y soldados del Presidio, pasado el primer momento de confusión, hicieron esfuerzos inauditos por disminuir el desastre. Mas todo fue en vano, pues hasta algunas casas particulares, como las de Cristóbal Pérez, Diego Rodríguez y Pedro de Murga, fueron consumidas por el fuego, habiendo perecido dos niños y un inválido. (Archivo General de la Nación.)

 

Así es que aquellos infelices colonos tan pronto como se dieron cuenta de la magnitud de la catástrofe, comprendieron que habían quedado inermes y sus intereses y vidas a merced de la voluntad de los indios, por cuya razón su consternación no tuvo límites.

 

 

Tomado de Mardonio Gómez, Compendio de la historia antigua completa de Coahuila y Texas.

Primera época. Primera parte. Saltillo, 1927, pp. 92-93. Biblioteca del AMS.

Caen débiles ramas y hojas secas sobre la llama de uno de aquellos que al impulso del viento los inflama y son arrastrados hasta los resinosos postes de un costado del altar. Explota más bien que arde la resina y una explosión de fuego invade todo el recinto de la iglesia. El pánico se apodera de los concurrentes y fieles y sacerdotes huyen despavoridos hasta ponerse [a] salvo. Entre tanto, el viento arrecia. La iglesia entera es una sola inmensa llama. Sus lenguas lamen las construcciones vecinas y muy pronto arde la manzana entera.