Qué hermosamente distintos

Luis González y González

La sabiduría practicada en el campo, los pueblos y las ciudades pequeñas, procura lo concreto y lo propio. Rehúye el saber abstracto. No le halla gusto ni sentido a las lucubraciones filosóficas. En las matrias falta la costumbre de la abstracción. La conciencia pueblerina es lo opuesto del saber universitario que anda en busca de semejanzas. Los lugareños suelen decir con Juan José Arreola: “somos muy distintos, y qué hermosamente distintos los habitantes de pueblos cercanos”. La conciencia matriótica descubre en primer término la singularidad propia. Cada matria tiene su modo de entender y de vivir el valle o la meseta que la acoge, su río y arroyos, su bosque o chaparral, sus aguaceros y heladas, sus animales silvestres y domésticos y el conjunto de su economía. La mayoría de los lugareños son como los nobles de Europa, saben el apelativo de sus ancestros por lo menos hasta el nivel bisabuelar. Saben muchas cosas de cada uno de sus contemporáneos. Renuevan día a día el conocimiento de su tribu. La conciencia de la patria chica de cada uno de sus miembros suele ser minuciosa y lúcida, pero pocas veces se da en libros de geografía, historia o etnografía. El conocimiento pueblerino de cada pueblo se expresa frecuentemente en forma artística, en pastorelas, corridos, versos de humor, novelas narradas, mitos históricos y conversaciones donde andan mezclados el saber y la emoción.

 

 

Tomado de Luis González y González, “Suave Matria”, Nexos, número 421, enero, 2013, p. 120.