Microhistoria

Armando Fuentes Aguirre

Benito Juárez.

Evaristo Madero.

Beisbolista del

Ateneo Fuente.

Napoleón Bonaparte.

Ese concepto, el de la microhistoria, tiene tufos centralistas y capitalinos. Deriva quizá de la llamada Petite Histoire de los franceses parisinos, para los cuales fuera de París todo es Tarascón. En opinión de los teóricos de la microhistoria, lo que ha pasado en Monterrey, Guadalajara, San Luis Potosí, Morelia y León —y hasta en Saltillo, ¡hágame usted favor!— es microhistoria. Sólo pertenecen a “La Historia” los hechos sucedidos u originados en la Ciudad de México por gente que actúa ahí o que de ahí salió. De esto se desprende, por lógica, una consecuencia: hay historiadores y hay microhistoriadores. Si usted escribe de don Benito Juárez o de Ocampo es un historiador; pero si estudia a Luis Terrazas o Evaristo Madero es microhistoriador.

 

Yo digo que todo es relativo. Nos lo enseñó aquel sabio señor a quien le preguntó un amigo:

 

—¿Cómo está tu esposa?

—¿Comparada con quién? —respondió él.

 

Claro, comparado con Juárez don Evaristo Madero es microhistoria, pero a lo mejor comparado con Carlomagno, Napoleón, Lenin o Churchill don Benito Juárez viene siendo microhistórico, con todo y su respeto al derecho ajeno. El que haya pasado por la escuela en cualquier lugar del mundo sabrá quién fue Napoleón Bonaparte, pero si a un niño de Estados Unidos, Ecuador, Suecia, Zaire o Paquistán le preguntan quién fue el Benemérito de las Américas se quedará patidifuso y boquiabierto sin saber qué contestar.