La historiografía como ciencia ficción

Olivia Strozzi

Me apasiona la historia y los archivos; me gradué en la licenciatura en sistemas computacionales pero, por azares del destino, el gusto por aprender y la insistencia de Martha Rodríguez, decidí estudiar una Maestría en Historia, que luego resultó ser Historia de la Sociedad Contemporánea. Esto cambió mi idea de lo que yo creía que era la historia y me atrevo a decir que también transformó mi percepción del mundo. El resultado es que hoy me encuentro trabajando en este interesante y maravilloso lugar. Les comparto algunas ideas: la historia se hace con lo que cada uno trae en la cabeza y… en el corazón. Los temas de estudio que se escogen no son fortuitos; algo tienen que ver con la historia personal y familiar, incluyendo a los antepasados de no sé qué tantas generaciones atrás. ¿Qué tema elijo? ¿Por qué lo elijo? ¿Por qué éste y no otro? ¿Para qué? ¿Qué me mueve a trabajar este tema?

 

Los trabajos de investigación precisarían tener dos títulos: uno oficial y otro título, el “interior”. La historia es una tarea que toca muy hondo. Siempre o casi siempre hay una conexión con el archivo interior. No hay un dato, hay un “capto”. La realidad no existe sino en cuanto realidad observada. Si no hay relación, no hay realidad. Hasta que estoy en relación con algo o alguien entonces existe.

 

La historia es una realidad que está siendo narrada por alguien. Esto no quiere decir que no exista: algo pasó, alguien estuvo allí, alguien murió y lo que quedan son restos y lo que hacemos es una reconstrucción, donde se le asigna un lugar central a las mediaciones del lenguaje que operan en la construcción de conocimientos.

 

Fernando Betancourt señala, en sus reflexiones sobre la obra de De Certeau que, si la historia puede entenderse como historiografía, se debe a que la investigación misma es vista como un trabajo de significación. Más que reproducir lo real, la investigación de hechos enuncia sentidos bajo un efecto literario de realidad. La historiografía puede ser vista como discursos articulados sobre otros discursos, que tienen como objetivo significar las relaciones que un presente guarda con su pasado.

 

La historia trata de cubrir la ausencia acreditando seriedad científica a su escritura; en tanto presume que su discurso permite representar lo real, disfraza la ficción en que se ve envuelta. Por eso, Micheal de Certeau dice que la historiografía sería una ciencia-ficción. La tarea que toca al historiador sería observar aquello que ya fue observado y elaborar su propio discurso sobre las observaciones de otros.

La historia es una realidad que está siendo narrada por alguien. Esto no quiere decir que no exista: algo pasó, alguien estuvo allí, alguien murió y lo que quedan son restos y lo que hacemos es una reconstrucción...