Carmona: imagen y paradigma

—Sergio Cordero

El narrador Jesús de León (Saltillo, 1953) encontró en las fotografías de Alejandro V. Carmona (1890-1958) algo más que un conjunto de postales viejas ponderando el atractivo turístico de “La Atenas del Noreste”. El autor de Dibujado con luz (2006) descubrió a un fotógrafo de gran sensibilidad ante una ciudad en el apogeo de su identidad urbana y en armonía con su medio ambiente: luz, geografía y arquitectura que, al pasar por la lente, el ojo y el sosegado espíritu de Carmona, dieron por resultado imágenes de la ciudad de Saltillo, entre los años veinte y los años cincuenta, que abandonan el orbe de la cotidianidad y se elevan al espacio de los paradigmas. Asimismo las placas, con el paso del tiempo, agregaron a su condición de testimonios gráficos un innegable valor artístico.

Responsable de la edición de Carmona. Fotógrafo de lo nuestro (2014), Jesús de León acompaña las fotografías con un prólogo donde el director de la Gazeta del Saltillo expone las diferentes maneras como su imaginación de creador de ficciones fue estimulada por unas imágenes que, aunque sabemos tomadas de la realidad, a él le parecieron dignas de un escritor de relatos fantásticos: “Leyendo […] Las ciudades invisibles de Italo Calvino, me topé ni más ni menos que con una muy exacta y fidedigna descripción de la ciudad de Saltillo. Poco importaba que Calvino la llamara Maurilia y que creyera que era producto de su imaginación. Estaba describiendo no sólo a mi ciudad, sino al comportamiento de sus habitantes: ‘En Maurilia se invita al viajero a visitar la ciudad y al mismo tiempo a observar viejas postales que la representan como era antes’. […] Los saltillenses no pertenecemos a la humilde realidad mexicana, somos los personajes de un cuento fantástico italiano” (pp. 9-10).

 

Uno de los capítulos más notables de su prólogo revela la afinidad entre Carmona y el pintor norteamericano Edward Hopper (1882-1967), quien visitó la capital de Coahuila entre 1943 y 1951 y retrató la ciudad en siete hermosas pinturas. De León observa que lo que ambos artistas retratan ofrece la inicial apariencia de lo intrascendente: “azoteas, ventanas, interiores con una enorme vista o exteriores con vastos espacios deshabitados” (p. 19), pero después destaca que “lo que llama la atención en los cuadros de Hopper no es lo que vemos, sino lo que no vemos: soledad, desolación, retraimiento en medio de la árida vastedad de ámbitos urbanos o rurales. Algo parecido puede decirse de las fotografías de Carmona” (p. 20).

 

Por otro lado, Jesús lamenta que en ninguna crónica de esa época se mencione la posibilidad de que el fotógrafo local y el pintor extranjero llegaran a conocerse y, al mismo tiempo, expone la hipótesis de que, si alguien los hubiese presentado, tal vez hubiese sido contraproducente para la obra de ambos: “Ni Hopper hubiera pintado sus acuarelas ni Carmona hubiera tomado esas fotografías, pese a que tanto uno como el otro buscaban el mismo objetivo: darle a los exteriores la soledad y el recogimiento de un espacio interior” (p. 23).

 

Al respecto, aprovecho esta nota para exponer mi propia hipótesis. Tal vez Hopper y Carmona sí llegaron a verse, pero lo hicieron como los esquimales y los vikingos cuando éstos arribaron al continente americano: sin saber que el momento era histórico (véase Jorge Luis Borges, Antiguas literaturas germánicas, p. 85). Imagino que coinciden por azar en la misma banca de la Plaza de Armas. El pintor toma asiento en un extremo y el fotógrafo en el extremo opuesto. Se quedan largo tiempo contemplando absortos la manera cómo el avance del sol desliza la luz y las sombras que caen sobre la Catedral y los edificios circundantes. En un momento dado, los ojos de los dos desconocidos se encuentran y, tras un instante de recelo, sonríen, asintiendo sin cruzar palabra. A continuación, se levantan al mismo tiempo y toman direcciones opuestas: Hopper se dirige a su hotel y Carmona regresa a su tienda de artículos fotográficos: uno va por sus pinceles y el otro por su cámara. 

 

 

 

 

Jesús de León (selección, edición y prólogo), Carmona. Fotógrafo de lo nuestro,

presentación de Isidro López Villarreal. Archivo Municipal de Saltillo / Instituto Municipal

de Planeación Saltillo, Saltillo, 2014, 136 pp.

Jesús de León acompaña las fotografías con un prólogo donde expone las diferentes maneras como su imaginación de creador de ficciones fue estimulada por unas imágenes que, aunque sabemos tomadas de la realidad, a él le parecieron dignas de un escritor

de relatos fantásticos.