La verdad sobre el Día de Acción de Gracias

Carlos Manuel Valdés Dávila

Los norteamericanos pretenden que su historia arranca cuando llega el Mayflower a Virginia transportando a los Padres Peregrinos a bordo. Llegan con pocos recursos alimenticios y los indios chipewas, me parece, les ofrecen comida: pavos, maíz y calabazas. Es noviembre y hace frío. Este hecho, que podría ser algo banal, es transformado en un mito fundacional y surge de él la fiesta más importante de los Estados Unidos de América: el Día de Acción de Gracias.

 

Este día los tres comestibles que no deben faltar son el pavo, el pan de maíz y un pastel de calabaza. Hay una referencia a la acogida que les dieron los indígenas, a la primera alianza entre ambas sociedades y a la referencia hacia el Dios de Israel, a quien agradecen. En segundo lugar, el apelativo “Padres Peregrinos” es importante porque se refiere a un evidente dominio del varón, a un patriarcado.

 

Es, así mismo, referencia a la creación de una patria, ya que este término deriva de pater. Puesto que se trata de cristianos protestantes, que se han separado del ala luterana y de la anglicana, se han granjeado muchos enemigos en Inglaterra y allá no caben. Su ida al Nuevo Mundo tiene mucho de fuga, de aventura y de intolerancia respecto a otras opciones entre todas las que tienen a Jesucristo como el centro de sus creencias. No hay referencia a la paternidad, que derivaría de parens o genitor, sino a patrón, potestad y patria (el lugar del padre). Entre ellos todavía no hay lugar para las mujeres si no es como amas de casa.

 

El segundo epíteto “peregrinos” indica que llegaron buscando un lugar lejos del suyo. Veamos la etimología de la palabra. Si lo tomamos como adverbio latino, peregri significa “en el extranjero” y si como verbo pereger indica al “que viaja, que está lejos”. Hasta aquí podemos tomar el relato fundacional como hermoso y aceptable. Pero algo anda mal en ese mito construido para que una sociedad tenga un inicio y obtenga una identidad. En el mito los indios fueron nada más y únicamente una parte del paisaje y un personaje complementario para que la tradición fuese coherente. ¿Dónde quedaron los aborígenes en la acción de gracias?

 

Interesante, pero no se insiste mucho en que aquéllos les dieron su comida y, de alguna manera, salvaron sus vidas. Tampoco que compartieron lo que tenían con unos desconocidos de la manera más gratuita y generosa que sea posible, como si fueran discípulos del Jesucristo en que ellos creían y que definió, en Mateo 25, lo que espera de sus discípulos.

 

Señalemos, como algo de suma importancia, que aunque eran indios cazadores, recolectores y pescadores, también eran agricultores; de ahí que tuvieran productos como el maíz y también pavos domesticados. Ambas ocupaciones implican una tradición de siglos como semisedentarios. ¿Por qué es importante lo anterior? Porque significa que tenían tierras abiertas al cultivo en medio de los grandes bosques en que habitaban.

 

Muy pronto los puritanos iniciaron el ataque: requerían de tierras para producir trigo y crear establos para sus vacas. La tentación fue enorme. Empezaron a invadir terrenos agrícolas suscitando, de inmediato, la animadversión indígena. Pronto hubo enfrentamientos y las armas de fuego salieron a relucir matando a los chipewas.

 

La historia americana tiene documentos históricos que dicen cómo nació su patria. Asombra, sin embargo, que la vida de los indígenas no haya sido integrada a la narración más que como accesorio. Parecería que podría ser al contrario: los indios como anfitriones y los europeos como comensales. Pero el texto, que establece la manera como dio inicio la patria americana, tiene otros elementos que consideran ser más importantes que los aborígenes. También olvidaron las masacres subsiguientes. Los documentos se olvidaron, se malinterpretaron. Así es que los Peregrinos crearon su país de la nada.

 

Agrego que existen manuscritos en los que aparecen pronto los temas que serán recurrentes: el salvajismo indio y su inmoralidad, a la vez que el regalo que Dios les dio: la Nueva Tierra. Nada está más alejado del indio que la Biblia. Luego, para apropiarse de toda la región, iniciarían las masacres como, por ejemplo, el enviarle a una comunidad india, como prueba de amistad, un saco de harina en que previamente se hizo escupir a un enfermo de viruela. ¡La tribu entera desapareció!

 

La casualidad quiso que en esos primeros años tuvieran lugar dos inviernos muy crudos y murieron de hambre y frío bastantes ingleses. Este dato no sería de importancia si no se hubiera descubierto recientemente, en 2013, bajo las ruinas de aquellas primeras viviendas de los padres peregrinos, huesos humanos. Y, ¡oh sorpresa!, en varios huesos había pruebas de que se les cortó y rostizó. ¡Habían sido objeto de canibalismo! De los primeros estudios surgió la identidad de la persona: joven adolescente inglesa. Y las marcas de instrumentos de fierro y bronce, eran tan claras que no dejaron lugar a dudas: la joven murió de frío y la comieron algunos ingleses en uno de los terribles inviernos de la década de 1620.

 

Los huesos fueron el documento que echó abajo los documentos de archivo. Así que hay que reconsiderar el mito fundacional americano en su conjunto y recrear esa relación puritanos-indios para descubrir la barbarie.