Sus costos en 1906

ENTIERRO EN SALTILLO

Carlos Recio Dávila

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Cortejo fúnebre a principios del siglo XX. Foto de autor anónimo. Circa 1906-1909.

La muerte de una persona en cualquier lugar y época, además de la tristeza que provoca, representa una serie de gastos para los familiares o conocidos: es preciso notificar sobre su muerte, pagar el registro civil, los servicios funerarios y la misa de difuntos; se requiere de personal como mozos, albañiles y peones e incluso, eventualmente, hay que adquirir un vestuario en particular.

 

El 19 de febrero de 1906 falleció en Saltillo Manuela García de Saucedo, señora de edad avanzada. Sus gastos funerarios significaron un total de 103 pesos con 20 centavos, cantidad que fue la suma de los servicios y objetos que enumeramos a continuación.

 

El mismo día de su fallecimiento se enviaron varios telegramas (no se dice cuántos), los cuales tuvieron un costo de 1 peso y 40 centavos. Igualmente se imprimieron 100 esquelas, cuya edición significó un gasto de 10 pesos. Los trámites ante el Registro Civil representaron una erogación de 2 pesos. El costo de un vestido negro con el que se fue sepultada tuvo un costo parcial de cinco pesos, un listón de seda costó 25 centavos, y un par de zapatos, 2 pesos 25 centavos.

 

El traslado del cuerpo al cementerio (el cual seguramente fue el Panteón de Santiago, inaugurado hacia 1902) requería de la caja y los servicios del carro fúnebre, en ese tiempo tirado por caballos. El precio de la caja mortuoria para Manuela García y del carro fúnebre fue de 38 pesos. Los coches tuvieron un costo de 18 pesos 75 centavos. A fines del siglo XIX, había en Saltillo cinco “carrocerías”: la de Eusebio Moya y la de Francisco Flores se ubicaban en Juárez; la de Bruno Ramos, en Castelar; la de Pedro Agüero en la del Reventón (hoy Bravo sur) y la de Antonio Suárez en Victoria.

 

Las honras fúnebres se llevaron a cabo en “la Capilla del Santísimo Cristo”. Posiblemente se refiere a la iglesia del Ojo de Agua pues la familia de Manuela García tenían relación con esta iglesia al haber aportado en ese tiempo diversos recursos para su construcción o restauración, y tuvieron un costo de 10 pesos. Adicionalmente el alquiler de los candelabros implicó un gasto de 4 pesos y la cera representó una erogación de 4 pesos 55 centavos.

 

El gasto por la apertura y clausura de la bóveda fue de 5 pesos y los servicios de los mozos fueron de 2 pesos. También hubo que pagar a los albañiles, aunque no se menciona la cantidad asignada.

 

Por otro lado, había que devengar una serie de gastos de la testamentaria, los cuales se ejercieron entre el 9 de marzo y el 16 de mayo de 1906. El certificado de defunción (dos pesos), las inserciones en el Periódico Oficial (50 centavos), las estampillas y las estampillas de segunda notificación (50 centavos cada tipo), timbres para nombramiento de albacea (50 centavos), pago de contribuciones municipales y del estado (13 pesos 39 centavos) el 2 de abril (casi un mes y medio después del fallecimiento de la señora), 8 pesos; timbres para permiso de formación de inventarios (50 centavos); timbres para rectificación de firmas y peritos (1 peso 50 centavos).

 

Como podemos ver, la muerte no sólo era un acontecimiento lamentable, sino que significaba también una buena cantidad de gastos para los familiares.

 

 

Fuentes

Cuaderno de cuentas de José Juan Saucedo, Saltillo, 1906, f. 135 v (Manuscrito adquirido en la ciudad

de México, por Carlos Recio Dávila en abril de 2013). Esteban L. Portillo (1886/1994) Anuario Coahuilense para 1886,

México, Conaculta, Gobierno de Coahuila, Biblioteca Básica del Noreste.